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La Música de Cimafunk

La Música de Cimafunk

Por Claudia Vallejo

“Las cosas de la vida hay que cogerlas suavecito”, así empieza una canción de Cimafunk, aunque la carrera musical de este artista cubano va todo lo contrario: en rápido ascenso. Sube bailando a la tarima con tremendo “tumbao”, girando de un lado a otro mientras mueve los brazos rítmicamente. Parece rememorar el pasado con pantalones de bota ancha, camisa dorada –pecho abierto– y lentes oscuros.  Pero su música habla del presente, de la gente, de la fiesta y hasta de un caldo de frijoles o potaje, como se dice en Cuba, que le da el título a su más reciente producción.

La revista Billboard nombró a Cimafunk como uno de los 10 artistas latinos revelación del 2019.  Su carrera comenzó hace menos de dos años y ya ha debutado en el South by Southwest festival de Austin, Texas y en el SummerStage de Central Park en Nueva York. Sus conciertos se han vendido en Washington D.C., Chicago, Los Ángeles y en varias ciudades de Estados Unidos, América Latina y Europa. Su nombre ha aparecido en el New York Times, New Yorker, Miami Herald y otros medios de comunicación.

Cimafunk estuvo por segunda vez en Nueva Orleáns para tocar en Tipitinas.  Allí dio un concierto privado junto a Tank and the Bangas, The Soul Rebels y diez estudiantes de la Academia de Trombone Shorty.  Todos ellos volverán a reunirse en el Festival de Jazz en La Habana el próximo enero. 

Viva Nola Magazine habló con Cimafunk de los lazos culturales entre estas dos ciudades, de “El Potaje” y de su carrera vertiginosa.

VIVA NOLA: Hay una conexión muy especial entre New Orleans y Cuba… 

CIMAFUNK: ¡Total! Hay una fuerte relación musical y cultural, sobre todo la música que es muy espiritual, de adentro, muy de la gente del pueblo, eso al final nos está entrelazando y está rico que podamos empezar a alimentarnos los unos de los otros.

En algunos artículos de prensa te han asignado el papel de ser el puente entre Cuba y Estados Unidos. ¿No es una responsabilidad muy grande?

Yo realmente no soy el puente. Hay mucha gente que lleva tiempo haciendo colaboraciones entre los dos países y trayendo músicos de ambos lados. Hay gente que sí lo está haciendo comprometida, que gracias a ellos estoy acá. Sólo estoy haciendo en mi tiempo lo que me gusta y compartiendo la música por todos lados.

¿A qué te refieres con “El Potaje”?

Echas agua en una cazuela, un poco de ají, de pimienta, sazón y le tiras unas viandas: boniato, malanga, calabaza… un pedazo de pollo. Le pones presión y cuando eso está bien, eso es el potaje. Es una analogía a los que participaron.

En “El Potaje” reúnes a grandes artistas como Omara Portuondo, Pancho Amat, La Orquesta Aragón y Chucho Valdés, es como recoger la vieja vanguardia con lo moderno…

Pero es la vanguardia más actualizada que tenemos ahora mismo en el medio artístico cubano. Nosotros vivimos reciclando lo que ellos inventaron. Nosotros somos los que nos estamos alimentando de ellos. No es lo mismo escribir una canción que voy a cantar yo solo, a una canción que va a cantar Omara o Aragón. Tienes que pensar bien porque ya el discurso de ellos es otro.  Tienes que pensar en los consejos que ellos te podrían dar. Son los consejos que me han dado mi mamá y mi abuela, que es la misma generación de sabiduría en cuanto a la vida. Fue una experiencia muy linda. Todo el tiempo fue un proceso de aprendizaje. De llegar Omara al estudio y grabar en un momentico. Chucho también fue una cosa increíble, en 30 segundos grabó el solo del piano. Pancho Amat dio una clase magistral en el estudio. La Aragón, todos los arreglos, la clave.

Cimafunk cantando con Alejandro Sanz en el Madison Square Garden, Cimafunk cantando con Fito Páez, ¿cómo fueron esas experiencias?

Son experiencias mágicas en la vida. En todo este año han sido todo el tiempo regalos. Fito fue el principio de todo. Nos dio un impulso muy fuerte cuando estábamos arrancando y con Alejandro fue algo muy casual. Le gustó el proyecto, la música y nos dijo: ‘quieren cerrar conmigo en el Madison Square Garden y después abrir dos conciertos en la arena de Miami?’ Nosotros súper emocionados, aprendiendo mucho y gozando porque al final cuando tienes esas cosas, te das cuenta de que estás bien, que hay que agradecerle a la vida.

El nombre Cimafunk le hace un reconocimiento a los cimarrones (esclavos rebeldes que se escaparon en busca de la libertad), ¿es una analogía al tipo de música que interpretas?

Al final la música es la manera que explica como tú vives, de quién eres. Por la parte de los cimarrones, para mi fueron personajes muy importantes en todo lo que era el movimiento afrocubano porque estaban viviendo fuera del barracón. Se habían escapado a vivir a la montaña.  Estaban creando una cultura nueva, tocando algo diferente. Eran esclavos de diferentes regiones que se mezclaron a vivir con un enemigo común, con una cultura diferente. Eso es un fundamento en lo que es la cultura afrocubana porque estaban creando libertad. Para mí la parte de Funk es algo muy parecido. El funk fue un proceso de expresión, de desprendimiento de cosas y de decir lo que quiero con ‘groove’, de expresar otra cosa que me llene el alma y entonces al fin son muy parecidos los dos.

 

Cimafunk es un fenómeno. Pero Erik Alejandro Iglesias Rodríguez, ex estudiante de medicina, del Pinar del Río, es un pinareño sencillo, tranquilo, de esos guajiros que se encuentran en la provincia de Cuba, de conversar pausado, que va sin prisas… “esa cosa de la fama, todavía no me enfoco mucho en eso, me hace perder tiempo”.

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