Por AnaMaría Bech
íEl New Orleans Jazz & Heritage Festival se ha consolidado como un puente vital para la música global, y para la comunidad latina del área, es una fuente de alegría al traer a sus escenarios artistas que de otra manera no veríamos en nuestra ciudad. El festival ha sido el hogar de talentos como La India, Juan Luis Guerra, Alejandro Sanz, Julieta Venegas, J. Balvin, Banda MS y Paulina Rubio, entre otros.

Tras una década de espera y dos presentaciones legendarias, Carlos Vives regresó por tercera vez como el acto principal Latino. Su poder de innovación y la vigencia de su música son incuestionables.
Aunque el domingo 26 de abril comenzó con lluvia, la promesa de la música de Vives obró su propia magia. Horas antes de su presentación agendada para las 3:50 de la tarde, el cielo se abrió, y el sol resplandeció sobre Congo Square, haciendo honor a su más reciente álbum: El Tour al Sol. Miles de personas de diversas nacionalidades se congregaron, demostrando la gran expectativa de los asistentes. Los gritos de emoción estallaron desde el momento en que el cartel mostró su nombre y se incrementaron cuando la plataforma de percusión rodó al frente.
La atmósfera electrizante se confirmó cuando Vives irrumpió en el escenario. El repertorio fue un viaje sin escalas, arrancando con la euforia de “Volvía a nacer”, seguida inmediatamente por el éxito global “La Bicicleta” (tema junto a Shakira), que el público cantó al unísono. La transición se suavizó con la sabrosura romántica de “Ella es mi fiesta”, que sirvió como antesala a la columna vertebral de su obra: el vallenato.
El clímax cultural llegó con el resonar de “La Gota Fría”, la canción que lo consagró como leyenda al fusionar el folclor con el rock, rescatando el género y despertando en la Colombia de los 90 un orgullo patrio inexplicable. En ese instante, los colombianos presentes ondearon sus banderas y portaron sus sombreros vueltiaos con orgullo, mientras Vives cantaba, bailaba y recordaba a toda Hispanoamérica que su música pertenece a todos.

Tras una vibrante mezcla de vallenatos, Vives demostró su conexión con el público de Nueva Orleans al hablar en inglés como lo hacía Carito mientras interpretaba el famoso tema. A esto le siguió un ingenioso juego de interacción con “Caballito”, donde la canción incitó a replicar acciones e incluir juegos rítmicos de palmas en los que todos participaron para sentir el sabor del colombiano.
Pero la cereza del pastel fue un momento íntimo y familiar: el regreso de su hija mayor, Lucía Vives. Lucy, quien estudió y vivió en Nueva Orleans, se unió a su padre para interpretar “Fruta Fresca”. Esta aparición fue especialmente grata, ya que Lucy había cantado con él hace 10 años en el festival, y verla en el escenario es una antesala de lo que viene para la joven artista, quien está dedicada a su proyecto musical, que incluye el lanzamiento reciente de su canción “Mascacielo“.

El cierre llegó con un himno de pertenencia y conexión: “Décimas”. Esta canción, que hace comparaciones entre Nueva Orleans y Barranquilla en Colombia, es un puente musical que solo puede sentirse con plenitud en este escenario, y el público lo entendió y lo vivió con orgullo y alegría.

Vives se despidió con un Clásico de la Provincia cargado de acordeón, estableciendo un diálogo cultural al comparar en varias ocasiones el vallenato con el zydeco, la música de Louisiana. Al final, con los acordes de “La Cañaguatera” resonando, quedó claro el mensaje de marcharse lejos y dejar el corazón, pues es evidente que Nueva Orleans siempre es una ciudad especial para Carlos Vives, y su pueblo siempre estará feliz de tenerlo de vuelta.
